Decisiones: ¿algo complejo o sencillo? – Por Jean Carlos Marrero

En la vida las oportunidades se presentan de manera consecuente con nuestro modo de actuar y que podemos llevar día tras día; es posible que las acciones que desempeñamos nos muevan a ciertas situaciones, en las cuales debemos tomar decisiones relámpago; en el momento, porque no hay mucho tiempo de canalizar lo que percibimos, pero también existen momentos donde tomamos decisiones y tenemos el tiempo a nuestro favor para poder analizar y reflexionar en lo que vayamos a decidir.

En esta parte, en la cual nosotros debemos tomar un rumbo, siempre decidimos que nos conviene mejor a nosotros. Ahora, ¿esto siempre debe de ser así? Si existen situaciones donde nosotros debemos de elegir lo que será beneficioso para un grupo y, bajo esta premisa, dejar a un lado el sentido propio por el sentido colectivo, ¿esto es bueno o es malo? Todo dependerá de las circunstancias, planteamiento, y muchos otros factores que podamos mencionar.

¿A dónde queremos llegar con este punto? Clara y específicamente a la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de tomar o de dar una dirección a nuestras vidas o a las vidas de otras personas.

Pensamos a veces que nuestras acciones van acorde a nuestra consciencia basada en el «bien», sin querer hacer daño a externos porque no es nuestra intensión lastimar. Pero ¿cómo sabemos si estamos haciendo el bien en nuestra toma de decisión? Ya en este punto, nosotros y cada uno de nosotros tenemos consciencia y podemos discernir entre lo que es bueno para mí y beneficioso para un grupo, y que es malo o dañino para mi persona y/o para otros.

Tenemos que tener presente algo muy claro: en nuestros momentos en los cuales es meritorio nuestra respuesta y que debemos decidir, nos debe hacer felices; decir «sí” es así de simple. La decisión que vayamos a tomar nos debe generar felicidad, asegurarnos bienestar a corto, mediano y largo plazo (si así lo proyectamos); que la decisión que estamos tomando sea la que nos genere beneficios y tranquilidad, porque sabemos que vamos a estar bien.

¿La decisión que tome es buena o mala? Sera buena o será mala según tu consciencia y tú moral, según tu perspectiva y conocimiento al respecto, lo veras bueno o malo, las personas te podrán discutir o refutar tal elección que hayas tomado; pero ¿quién garantiza que ellos están en lo correcto? ¿Quién dictamina que esas personas no nos quieren ver mal? O ¿Quiénes de ellos están velando por nuestro bienestar?

El planteamiento es muy sencillo pero a su vez muy complejo. Nadie puede decir que tomar una decisión es fácil, es como decidir entre una torta de chocolate o una de tres leche, entre ir al cine con mis compañeros o quedarme en casa de mi novia. Cosas sencillas pueden ser como estos planteamientos, pero el nivel de importancia y el nivel de impacto que estas respuestas puedan generar las sabremos nosotros mismos más nadie.

Podemos pedir asesoría, algún consejo que nunca hace mal, hacer una encuesta ordinaria entre nuestros amigos para escucharlos y ver que opinan al respecto; claro que es válido hacerlo, nadie dice que no podemos consultar, pero lo que sí es cierto es que nosotros somos los últimos en decidir; nosotros tenemos la batuta en direccionar un presente, y más todavía un futuro.

El poder lo tenemos en nuestras manos y debemos de pensar, y repensar hasta dos veces que será lo bueno para nosotros y/o para el grupo si la situación lo amerita.

Lo bueno y lo malo, en la toma de una decisión, el tiempo nos lo mostrará, y con estas experiencias aprenderemos a tomar buenas y mejores decisiones en nuestra vida y en nuestro presente.

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